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ROSA MIRANDA. LA VALENTÍA DE LA DENUNCIA.
Hoy es el día en que se inauguran los juicios especializados únicamente en la violencia de género. Hoy es un día histórico, y casualmente, El Cine Secreto, en colaboración con Elisabeth Trallero, va a presentar el documental de Lisa Berger “Empezar de nuevo” sobre la detección y prevención de la violencia de doméstica, en este pueblecito del Maresme.
Como representante de El Cine Secreto, me toca coger el tren en la estación de Sants para dirigirme a Vilassar de Mar, el pueblo en el que vive Rosa Miranda, la mujer maltratada que nos explicará su experiencia real.
El tren se para sorpresivamente en Sant Adriá del Besós. Nos anuncian que hay una avería y que no saben cuando la podrán reparar. Yo estoy sentada al lado de la ventana, cara al mar, leyendo el libro de Susanna Tamaro “Cada palabra es una semilla”. La chica que está delante de mí, al oír las palabras por el megáfono, se pone a gritar: “No puede ser, sólo me faltaba eso!”
Me fijo en ella. Es una chica de unos 20 años, con una cara muy bonita. Lleva un vestido de colores muy llamativo. La chica está muy nerviosa. La miro. Ella me mira y me dice: “¿Falta mucho para llegar a Premiá de Mar?”- No lo sé, depende de lo que estemos parados aquí.-le contesto. “Es que me va a matar” me dice- Quién?-le pregunto. “Mi marido, es que es muy celoso, y no se va a creer que es por el tren”
Yo pensé que su nerviosismo podía venir de una claustrofobia, y sin embargo, viene de los celos enfermizos de un marido. La coincidencia me hace sentir de repente el presagio de la violencia doméstica. Observo a la chica, y veo unos ojos asustados. Siento temor por ella.
- No deberías tener miedo, es una avería, no es tu culpa.
- Pero él no lo entenderá
- Si es un hombre inteligente tiene que entenderlo –le digo, intentando sonsacarle más razones de por qué está con él-
- Qué va a entender ese cazurro, si me tiene amargada, no me deja salir de casa, me controla con el móvil, me persigue a todas partes. Me tiene atada con el niño en casa, me paso el día encerrada.
- ¿Y si sufres tanto, por qué no le dejas? –anda que yo, también me meto donde no me llaman-
- Si ya lo he dejado más de una vez, pero el niño adora a su padre, y lo hago por el niño, pero es que encima estoy embarazada otra vez, y ya no aguanto sus celos –unas lagrimitas asoman por sus ojos-
El tren vuelve a arrancar y ella parece que se tranquiliza. Yo vuelvo a mi libro para hacer ver que lo leo, porque en realidad estoy analizando lo que acabo de vivir. El principio de la rueda del amor –maltrato. ¿Cómo acabará esta chica? Ya me lo estoy imaginando. El chico machista no soporta que su mujer se divierta, la deja embarazada, para atarla a través de los hijos a su dominio de poderío. Si ella se rebela lo más probable es que le caiga la primera bofetada.
No me gusta nada el futuro que veo en esta muchacha. Ella lo intuye, por eso me cuenta todo, aunque sea una desconocida, porque sabe que tiene que irse de esa casa, porque sabe que esos celos son el primer síntoma de violencia futura. Está atada en el nombre de su hijo y del hijo que espera. Ella lo sabe y me lo cuenta, para que yo le diga, huye , aún estás a tiempo!!
No le digo nada, y sigo haciendo ver que leo el libro. ¿Qué le puedo decir? ¿Le digo que si le pasa algo que vaya y lo denuncie como dice el letrero de la Generalitat? “Dona, denuncia” ¿Le cuento lo que le pasó a Rosa Miranda por haber denunciado a su marido por malos tratos?
Prefiero callar porque no tengo respuesta. La sociedad no tiene respuesta. Eso es lo que vamos a debatir esta noche. La respuesta en contra de esa violencia doméstica sin sentido.
El tren avanza y ya llegamos a Premiá de Mar. La chica me dice adiós y se va corriendo a encontrarse con su propio infierno. Yo me bajo en la siguiente parada: Vilassar de Mar.
Rosa Miranda me está esperando y me invita a su casa. Vamos a preparar la charla.
Rosa es una mujer de unos 60 años, delgada, guapa, simpática, inteligente y muy elegante. Cualquiera diría que ha sufrido maltratos.
Me empieza a contar cómo empezó todo, lo seductor que era su marido, y cómo con la bebida se fue transformando, hasta que llegó el momento de la primera agresión, una noche como otra cualquiera, en la que él llega bebido y la empuja por el pasillo, sin más, solo por decir algunas palabras que quizás le provocaron, quien sabe lo que pasa por la mente de un agresor. Y Rosa pasillo abajo, a punto de romperse la crisma, pensando qué he dicho yo para merecer esto.
Sin embargo, no fue hasta la cuarta o quinta vez que se dio cuenta de que “eso” no era normal, y que “eso” podía acabar con su vida. Se dio cuenta de que “eso” se podía denunciar. Así se lo dijo a su médico de cabecera, “no pongas en ese parte que escribes, que me he dado un golpe tropezando por el pasillo de mi casa, pon la verdad, que mi marido me ha tirado”, “pero Rosa si pongo eso tendré que hacer un parte de denuncia”, “pues hazlo” le contesta ella. “ No puedo “, le dice el médico del pueblo, “eso sería un follón, tendría que ir a declarar a los juzgados, y no tengo tiempo para eso, mira como está mi consulta, voy desbordado”
Rosa toma conciencia de lo difícil que va a ser todo, pero la otra opción es la muerte, así que decide seguir adelante y se asesora legalmente.
“Dona, denuncia” (mujer, denuncia) decía el cartel que había colgado en la comisaría de los mossos d'esquadra. Lo que no decía era lo que iba después de la denuncia, el laberinto y descoordinación de la administración para las/los que se atreven a denunciar.
Al marido de Rosa lo metieron en la cárcel tres días. Rosa lloraba en silencio cuestionándose si había hecho lo correcto, arrepintiéndose de haberlo denunciado y olvidándose por completo de sus heridas, las que por poco le llevan a la muerte. Los mossos d'esquadra fueron a buscar medicinas para el maltratador, y Rosa como loca buscándolas para que el marido se encontrara lo mejor posible en la cárcel. ¡qué curiosa es la mente humana!¡cómo sucumbimos al síndrome de Estocolmo!
Tres días de soledad, de arrepentimiento, de dudas, de dolor, de sentirse culpable, ella sola, sin que nadie la apoyara, ni una psicóloga, ni su hija, ni nadie, rechazada por una sociedad que la juzga culpable por no dejarse someter.
Tres días que se resolvieron con la sentencia de una juez de 32 años, que a la pregunta
- ¿Tiene ud. familia? Y a la respuesta de
- si, una hermana
- Y dirigiéndose al marido ¿Y ud. tiene familia?
- No, no tengo a nadie en el mundo
decidió que el que se quedaba en la casa era el marido, porque no tenía a nadie, cosa que no era verdad, pues según Rosa tiene una madre y más familia, pero quien sabe la ley tiene las de ganar, y el/la inocente que dice la verdad, las de perder. C'est la vie.
A Rosa le dieron tres horas y un mosso d'esquadra para hacer una maleta e irse a casa de su hermana. Sólo se pudo llevar una maleta y la vergüenza de irse de su propia casa por haber denunciado al hombre que la tiraba por el pasillo del hogar conyugal. El maltratador se quedó en la casa, pensando que su mujer se había vuelto loca, que él no había hecho nada, que se lo había inventado todo, incluso los partes del médico. A los dos días ya tenía otra futura víctima en la casa conyugal. A las mujeres nos gusta consolar a los maridos que les abandona una mujer. Pobrecito, esa mujer no te quería, pero yo sí, cariño mío. Pobrecita, esa si que se va a enterar de lo que vale un peine, pero no importa, aunque se lo digamos no se lo va a creer porque él es tan bueno y tan seductor, que parece que no sepa matar ni a una mosca.
“Dona, denuncia” decía el cartel de la comisaría, que te vas a dar cuenta de lo que es el maltrato de la Administración.
Rosa no levanta cabeza y pide ayuda. Está sin dinero, con 58 años a sus espaldas y sin posibilidad de encontrar trabajo.
La Administración le envía una psicóloga una vez a la semana. Es la única ayuda que percibe.
Está sola y se siente incomprendida.
Rosa reacciona ante la vida, y decide luchar y explicar su historia. Escribe cartas al diari “El Punt” contra las palabras de Pasqual Maragall, el Presidente de la Generalitat de Catalunya, en el que por alguna razón inexplicable compara su gobierno con una mujer maltratada. El Punt publica la carta de Rosa, en la sección “La punxa d'en jap” el día 20 de marzo de 2005
El cine forum que hemos organizado en el Centro Cívico de Premiá de Mar, será a las 21h.
Radio Premiá de Mar me hizo una entrevista por la mañana para que los ciudadanos de Premiá supieran que esa noche se iba a hablar de “violencia doméstica en el Maresme”.
Desde El Cine Secreto, enviamos la nota de prensa a todos los medios, pero esta vez, no la publicaron. El Centre Cívic sólo se limitó a poner el letrero que enviamos en la entrada del recinto.
Empiezo a pensar que Rosa tiene razón cuando dice que lo suyo es un tema que no gusta. Es cierto, es un tema que no gusta, es un tema en el que nos conformamos con saber que hoy han matado a una mujer más en manos de su maltratador, y decimos, qué horror! Hay que acabar con esto, pero la realidad, es que no salimos a la calle. Nadie sale a la calle a protestar por esa violencia que quiere domesticar. Me pregunto por qué.
Nos tenemos que ir. El cine forum ya está a punto de empezar. Hemos quedado a las 20h. con Dolors Anguera, la responsable del Centre Cívic.
Vamos a la estación de tren de Vilassar de Mar y asistimos a un pequeño acto de violencia entre dos jóvenes. Se quieren pelear y se van provocando. Uno es sudamericano y el otro, por el acento, es español, aunque de padres andaluces. Se sitúan justo delante nuestro. Siento temor por el odio que se tienen, y me preguntó por qué hay tanta violencia a nuestro alrededor. Por suerte el jefe de estación pone paz y la sangre no llega al río.
Llegamos al Centro Cívico de Premiá a las 20h. pero Dolors Anguera no está. Tenía otras cosas que hacer. Decidimos ir a cenar algo.
He pasado la tarde con Rosa Miranda, y he aprendido mucho con ella. Ha sido un privilegio compartir esas horas con una persona tan especial.
A las 21h. empezamos el cine forum, pero el aparato de vídeo no funciona. Falta algún cable.
Tampoco hay muchos asistentes. Me dicen desde el centro, que están ocupados preparando la fiesta mayor.
Decidimos hacer una rueda mientras intentan buscar el cable que falta. En la rueda de la reflexión estamos: el Presidente de la asociación de “Homes contra la Violencia de Gènere”, Miguel Sánchez, Teresa Capilla, Presidenta provincial de AFAMMER (Associació de Familíes i M. Del Medi Rural de Barcelona), su hija, recién nombrada juez, y muy concienciada sobre el tema de la violencia de género, Joan Serra, ingeniero industrial, Montse Gay, farmacéutica, Rosa Miranda y yo. Los 7 magníficos. No vino nadie más. En el Maresme no se creen que pueda haber violencia de género.
El vídeo sigue sin funcionar, pero nosotros ya hemos empezado nuestro debate.
Miguel nos explica lo que hace su asociación. Es muy interesante. Entre otras cosas hacen talleres en los colegios en el que escenifican una situación de violencia de género e incitan a los chavales a reaccionar ante estas situaciones.
Teresa Capilla , nos dice que hoy es un día importante para el tema que tratamos, ya que se inauguran 436 juzgados de violencia contra las mujeres y con normas legales más duras contra los maltratadores.
Joan Serra interviene enfatizando que está muy bien que se pongan más “ambulancias y médicos” para tratar a las víctimas de la violencia, pero que deberíamos actuar antes de que se produzca, reconociendo los síntomas de esa violencia. Esa prevención debería ser a nivel estatal, para que se convierta en algo cultural. Insiste en que deberían prohibir por ley los “culebrones” sudamericanos, que traen una cultura machista y como consecuencia, vayamos para atrás en lugar de ir para adelante.
El debate se va centrando en cómo prevenir esa violencia a nivel cultural, y se pone el ejemplo de las campañas anti-tabaco de EEUU, que han hecho que en ese país, el sólo hecho de sacar un cigarrillo te hace culpable ante la sociedad por el coste que le va a suponer pagar el tratamiento de tu cáncer de pulmón.
Algo así se tendría que hacer con la violencia de género, en el que el primer síntoma de violencia se reconozca por la sociedad y señale al maltratador con el dedo para decirle que si da un paso más, nos va a costar tantos euros por los años que pasará en la cárcel.
Rosa Miranda nos explica su proceso legal, y sus vacíos, ratificados por la nueva juez, que nos intenta aclarar el por qué de esos vacíos.
Después de hablar de nuestra Catalunya plural, en el sentido de que no es lo mismo ser maltratada en Barcelona o Sabadell, ciudades en las que funcionan los protocolos y las casas de acogida, que en el Maresme o en pueblos pequeños en los que todo el mundo conoce al maltratador y nadie se cree a la mujer maltratada, el debate se está centrando en el cómo prevenir la violencia de género, y se van dando ideas para poder hacerlo.
El vídeo de Lisa Berger, “Empezar de nuevo”, definitivamente no se va a pasar, ya que el cable maldito no aparece.
A nosotros, los 7 magníficos, enfrascados en este espacio de reflexión y de ideas para combatir esa violencia de género, no nos importa ya ver el vídeo, porque lo que sentimos importante, es esa profundización en ese debate.
Sobre las 23:30h, el conserje nos viene a avisar que tiene que cerrar el centro. A pesar del aviso, no queremos dejar el espacio porque se están diciendo cosas muy interesantes.
Seguimos hablando mientras vamos saliendo del recinto. Somos personas desconocidas que ese día, en ese lugar y en ese momento, hemos tenido el privilegio de conocernos, de sentarnos en una mesa redonda sin mesa, y dialogar para buscar soluciones.
No ha venido gente al cine forum, es cierto, y mi deseo hubiera sido que se llenara la sala de actos con todo el pueblo de Premiá de Mar. No ha sido así y sin embargo, siento que lo que ha pasado esta noche ha sido algo mágico, y que las personas que han prestado ese tiempo para venir a Premiá de Mar, han hecho que Rosa Miranda, ya no se sienta tan sola. Sólo por eso, ha valido la pena el esfuerzo.
Gracias Rosa, por ser tan valiente.
Maria José Alberdi
El Cine Secreto, 29 de junio de 2005
www.elcinesecreto.org
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